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Hemos visto, a grandes rasgos, cuáles son los peligros de las tarjetas revolving. Pero, ¿son todas iguales? ¿La que tengo en mi bolsillo es así necesariamente?

Lo cierto es que hay muchas tarjetas en el mercado y no todas son iguales. Por ejemplo, la mayoría de los bancos y las entidades financieras más serias ofrecen estas tarjetas a un interés muy alto, pero con una peculiaridad y es que el cliente siempre va a tener que abonar un mínimo de capital que se suele fijar en torno al 3%. Por tanto, la cuota baja del principio puede subir si se realizan más compras de modo que siempre se garantice el pago de los intereses y de al menos un porcentaje del capital.

¿Quiere esto decir que todo está bien con esas tarjetas? No, no es así. Muchos economistas advierten de que el capital pendiente a devolver de estas tarjetas oscila. Cada vez que el cliente hace una compra va a aumentar la deuda y, con cada pago, se reduce. Pero si la reducción es mínima el endeudamiento puede ser muy difícil de calcular para el cliente. Y más cuando se les aumenta el crédito de forma tan sencilla.

Las asociaciones de consumidores, en guerra contra las revolving

Las asociaciones de consumidores consideran que estas tarjetas, que incluso se pueden obtener a través de Internet, no son seguras para los consumidores que no son advertidos de lo que puede llegar a ocurrir con las pequeñas cuotas que se fijan.

La información no es transparente, el cliente nunca sabe cuándo va a acabar de pagar su tarjeta porque al poder realizar nuevas compras la deuda llega a ser perpetua. Y, en el caso de las tarjetas cuyos intereses se suman a la deuda, todavía es mucho más grave el resultado. Ha habido casos de clientes que han llegado a deber tres veces más de la deuda original sin ser conscientes de cómo ha sido.

La falta de información, la excesiva facilidad con la que este producto se le da a todo el mundo y sus altísimos intereses que han sido calificados por estas asociaciones como abusivos, han llevado a denunciar este tipo de tarjetas, exigiendo incluso que se fije un interés máximo razonable con carácter retroactivo, de modo que se pueda llegar a exigir la devolución de lo que se hubiera cobrado de más.

Por ahora, todo está en el aire y tendremos que esperar a ver qué es lo que ocurre.

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